Cómo superar los cambios en el estado de ánimo

No, no somos responsables de nuestro estado de ánimo, aunque sí que lo somos del tiempo que permanecemos anclados en él.

Los cambios de ánimo los vamos a abordar desde un punto de vista normalizado: desde la vertiente de aquellas personas que le cambia el humor, sin saber por qué y las razones que la llevan a ello y le generan algunos inconvenientes con ellas mismas o los demás.

Las emociones y los estados de ánimo están íntimamente ligados y además están relacionados también con la comunicación, están muy conectados.

Los días que te levantas de la cama un poco depre, triste, solo/a, el día que llegas al trabajo bastante irritable, el día que todo te sienta mal, los momentos en los que cualquier cosa que te proponen te parece mal…, estas son algunas de las situaciones que a veces se te presentan y no sabes muy bien a que se deben. Incluso a veces te cuesta reconocerlos. Estos estados de humor sin causa aparente son los que nos dificultan nuestro día a día.

No deben confundirse con la patología. Aquellos que se mantienen a lo largo del tiempo, durante meses incluso, que indican ya que hay un fondo emocional: depresión, ansiedad, crisis bipolares…. Aunque no es frecuente confundir una patología con un estado de ánimo y mucho menos etiquetar a la gente con alguno de los síntomas del cambio del estado de humor como si fuera una patología. (Algo que debemos evitar con la gente que los padece, ya que perjudican su mejora). Afirmaciones como “. Eres un/a depresivo/a”, “Eres un/a maníaco/a/depresivo/a.…, un/a bipolar” son afirmaciones frecuentes de amigos/as, familias y conocidos, pero causan un efecto negativo y de indefensión de la persona que lo recibe que acaba creyéndose que no puede luchar contra esa etiqueta.

Las emociones son procesos neuroquímicos y cognitivos relacionados con la arquitectura de la mente —toma de decisiones, memoria, atención, percepción, imaginación, que han sido perfeccionadas por el proceso de selección natural como respuesta a las necesidades de supervivencia y reproducción.

Los estados de humor no están relacionados con acontecimientos determinados, como es el caso de las emociones.

Las diferentes épocas del año, los días de la semana, diversos momentos de nuestras vidas, la situación atmosférica… Todas estas circunstancias y muchas otras, tienen la capacidad de teñir nuestro estado de ánimo personal y condicionarlo. Factores como el tiempo, la edad, el lugar en el que nos encontramos, el momento del día… intervienen y modifican nuestro estado de ánimo.

Como mejorar nuestro estado de ánimo

Es básico e importante convertirse en un buen observador de estados de humor, es importante desarrollar y refinar la capacidad para acceder a nuestro mundo emocional y al de las personas que nos rodean, a través de la observación y de la reflexión. En general, tenemos poco contacto con nuestro mundo emocional y, en ocasiones, este contacto está totalmente bloqueado. Saber reconocer nuestros sentimientos es algo trascendental.

No somos responsables de nuestro estado de ánimo, sin embargo, si somos responsables del tiempo que decidimos permanecer anclados en él. Si reconocemos que no somos productores de nuestros estados de ánimo, sino que son éstos los que nos producen a nosotros, podremos intervenir más fácilmente y de forma más liviana en nuestros estados de ánimo.

Debemos cuidarnos de las historias que hemos fabricado nosotros/as mismos/as en torno a nuestros estados de humor. Tendemos a encontrar correctos nuestros estados de ánimo y podemos dar infinitas razones del enorme sentido que tiene el estar en ellos. Es importante recordar que a menudo el estado de ánimo no se produjo por lo que contamos en nuestra historia, sino que fue el estado de ánimo el que produjo la historia. Es al revés.

Una vez que identificamos el estado de ánimo, deberíamos buscar los juicios que corresponden a él. es decir, los pensamientos o supuestos subyacentes que hay detrás de cada pensamiento. Hay que hacerse una serie de preguntas para poder superarlos:

Cómo estoy juzgando al mundo, es decir ¿…si el mundo es como es o acaso lo estamos viendo como producto de nuestro estado de humor…? Cómo estoy juzgando a la gente que me rodea, que juicios estoy emitiendo sobre ellos.

Si son reales o están siendo producto de mi estado de ánimo.  ¿Qué juicios tengo acerca de mí mismo? Si tengo mi autoestima intacta o estoy sufriendo una bajada de la autoestima relacionada con este inexplicable estado de ánimo… Si los pensamientos negativos sobre mí mismo están condicionando mi visión de mí mismo. ¿Qué juicios tengo acerca del futuro? Posiblemente el futuro lo tengamos pigmentado del color con lo que el estado de ánimo nos está contaminando. Quizás ayer, o hace dos días, o mañana lo veamos de forma distinta…

Estas preguntas deberían bastar para especificar el estado de ánimo en que nos encontramos

Identificada la estructura de nuestros pensamientos y el lenguaje y las palabras que usamos con nosotros mismos, los pensamientos automáticos que contienen nuestros estado de humor, podemos buscar acciones que realizar para cambiar esas afirmaciones, juicios, etc.

Ponernos manos a la obra para llevar a cabo acciones concretas de cambio. Estas acciones pueden incluir conversaciones con terceras personas. No debemos permitir que nuestro estado de ánimo bloquee nuestra acción.

Si nos damos cuenta de que tendemos a ser recurrentes en ciertos estados de ánimo, podemos también realizar acciones para anticipar los momentos en que el estado de ánimo va a aparecer nuevamente. Así podremos construir nuevos repertorios o acciones alternativas para no entrar en el estado de ánimo recurrente.

Es necesario también relacionarse con otras personas, con gente que tiene otra forma de ver las cosas. Eso nos ayudará a cambiar, porque los estados de ánimo son contagiosos. Esto también opera en sentido inverso: si nos rodeamos de personas que tienen un estado de ánimo negativo, podemos contagiarnos de ellas.

No debemos olvidar la conexión con el cuerpo. Si cambiamos la postura corporal, practicamos ejercicio, aprendemos a respirar o a relajarnos, ciertos estados desaparecerán. La música es también una forma efectiva de intervenir a nivel corporal. Poner nuevos hábitos que nos mejoren el estado de ánimo es esencial y pasar a la acción es fundamental.

Agencias

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